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Ahora que estamos a mitad de mes y con media caja de polvorones aún presente en lo que marca la báscula, te contaré algo: lo que me gusta de vivir en Inglaterra y a la vez me disgusta es cómo tienen organizadas estos gringos las Navidades: por una parte, a mí la Navidad aquí se me queda corta porque de golpe y porrazo estos terminan las fiestas el 31 de diciembre y se queda una con las ganas de Cabalgata y Roscón; sin embargo, por otra parte me gusta el hecho de que todo el mundo se vuelva a poner en movimiento el día 2 de enero, quiero decir, empezar los propósitos de año nuevo cuando este justo comienza es más lógico que empezarlo todo el 8 o 9 de enero que va uno ya casi a mitad de mes y eso no es motivación ninguna, vamos, al menos para mí que me gusta empezar las cosas importantes cuando se debe: por el principio. Y además, cumpliendo yo años el 31 de diciembre, razón de más para haberme auto adoctrinado a ser una adicta a los nuevos y mejores comienzos y posteriores fracasos esperados. Tales como dietas y compañías varias.

Puedo decir que el año 2016 no es que me haya disgustado, tampoco es que haya hecho grandes cosas pero sí es verdad que en Enero me propuse que a final de año quería estar un poco más cerca de mis objetivos de como estaba entonces. La verdad es que lo conseguí aunque a veces tienda a olvidar y pasar por alto todos mis éxitos.

Lo mismo me pasó cuando me mudé hace ya un año y tres meses a este país. Los comienzos son difíciles para todo el mundo y más para los que emigramos con nuestros títulos y experiencia bajo el brazo y lo único que nos espera al llegar a donde sea es fregar platos o hacer camas y limpiar en mi caso. Mi propósito a corto plazo era salir de mi zona de confort, que a la vista está que lo conseguí intentando sobrevivir en un país y ciudad extraños donde el día a día era arriesgar o nada. Mi propósito a un año vista era cambiar de empresa y si podía, de trabajo. Al principio rehuyes el cambio por el miedo a irte a un sitio nuevo cuando ya has aprendido a controlar tus gastos, más o menos sabes lo que percibes cada mes o porque ya el trabajo lo haces automático y ni te pesa a veces, y eso le da cierto tipo de estabilidad a tu caos migratorio.

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Falkner Square, Liverpool.

Cambié de empresa y al mes y medio de cambiar de empresa, cambié de trabajo justo el día que cumplía un año de emigrante. Pasé de limpiar y cambiar sábanas de hotel y en definitiva, de ser invisible, a servir mesas en un reconocido restaurante y a poder relacionarme constantemente con los clientes en persona y por teléfono, paso que es necesario -y que aterra bastante- cuando quieres de verdad mejorar un idioma. Tampoco es que por teléfono se expliquen todos muy bien y que mi capacidad de captación del mensaje sea del 100% pero le echo bastante cara al asunto.

El caso es que después de todo este rollo que te acabo de contar resumiendo mi año y pico de emigrante, me veo en la obligación/necesidad de ponerme manos a la obra con algo que yo sienta realmente mío y que me permita vivir la vida que quiero realmente vivir. Por eso, recién cumplidos los 27 hace menos de tres semanas, me doy cuenta de que el hecho de estar jugando a tener mi segunda época de joven y adulta principiante, saltando de un trabajo a otro con el propósito de tener experiencia en muchas cosas distintas y que seguro me servirán en el futuro – como lo bien que me queda la cama recién hecha o lo rápido que pongo la funda del edredón- debe tener su fecha de caducidad.

He decidido que 2017 sea el año en el que cambie mi vida, pero necesito tu ayuda. Sí, la tuya. Quiero que seas partícipe de esas ideas que me rondan la cabeza y que nadie cree que puedan llegar a desarrollarse. De hecho, quiero que seas partícipe de cómo voy a desarrollarlas ante tus escépticos ojos.

Acercarse a los 30 -aunque me queden aún tres años- no es ninguna tontería y tengo el extraño propósito de vivir la vida que quiero cuando de verdad los alcance. Una que es así de rara.

No voy a explayarme mucho en los objetivos que quiero cumplir -y que por cierto, voy a escribir en estas útiles plantillas para planificarlo todo- porque tampoco quiero aburrirte. Lo que sí quiero decirte es que si estás leyendo esto, es porque de alguna manera tienes interés en lo que tengo que decir; quizá eres un amigo o amiga que me aprecia; quizá estás aquí por casualidad o simplemente no tenías nada mejor que hacer en Facebook y le diste al link.
Sea como fuere, quiero que a partir de ahora me apoyes en este 2017. ¿En qué? te preguntarás. Pues no sé a ciencia cierta qué saldrá de todo esto. No sé a dónde voy pero tengo claro que es por aquí.

Gracias por tu tiempo y por darme tu apoyo. Porque sé que lo harás.

Ángela.

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Trinity College, Dublín.

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