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Muy lejos de que mi escritura goce de la carga metafórica y siempre soberbia de un escritor de los de verdad, me limitaré a contaros -sin alarde alguno de parafernalia sintáctica y gramatical- lo que he aprendido desde hace unos meses hasta hoy.

Una de mis mejores amigas solía decirme que yo siempre ponía la tirita antes de que saliese la herida. Y tenía razón aunque nunca se lo reconocí.

Ya fuese miedo, reparo, incertidumbre o cualquier otra cosa, mis actos siempre han sido producto de una exhaustiva reflexión y balanza de pros y contras. No quiero decir que el ser reflexivo sea malo, al contrario, sólo que simplemente a veces no arriesgamos por temor a fallar. Sinceramente, siempre me ha gustado y me gusta hacer las cosas bien hechas, y si van a salir mal, mejor no hacerlas. Este es, a mi parecer, uno de los errores de los que más he aprendido, me explico:

En el fondo soy (cada vez menos, creo) una cobarde, lo reconozco, y prefiero saltar sabiendo que hay un abismo cubierto de algodones para sostenerme y no tener que zurcir descosidos a posteriori. Mentira. Esto, sinceramente, es un engaño tremendo. El miedo ese que nos entra de que no nos vayan a salir bien las cosas nos priva de experiencias maravillosas. Quizá no estoy en la misma situación que tú pero sí te puedo hablar de lo que pasa cuando saltas: te sube la adrenalina, te lanzas, desciendes empicado, abres el paracaídas, planeas y ahora prepárate para disfrutar del viaje.

Puede sonar a tópico que la vida es una inagotable fuente de oportunidades para saltar al vacío, ¿pero qué sería de nuestra vida si no corremos el riesgo de vivirla?

El gran salto de mi vida fue salir de España con una maleta y un billete de ida, ya lo sabéis. Yo soñaba con tener esa experiencia de vivir en el extranjero: ver, conocer y nutrirme de lo que el mundo tenía que ofrecerme en el momento en el que decidí salir de mi zona de confort y perseguir aquello que deseaba. Fue simplemente brutal. En estos meses en los que mi vida ha dado un giro de 180º he aprendido a pensar menos y hacer más, que salga bien o mal es lo de menos, pero hacer, arriesgar, probar y equivocarme. Si aprendes, ganas. Si fallas, aprendes. O sea, que ganas.

Decía el Papa Francisco en su última visita a Cuba que un joven que no es capaz de soñar está encerrado y clausurado en sí mismo. Ábrete a soñar, busca horizontes y cuenta tus mayores sueños, habla de las cosas grandes que deseas porque “cuanto mayor es la capacidad de soñar y la vida te deja a mitad de camino, más camino has recorrido” (Papa Francisco)

No puedo más que deciros que fuera de la zona de confort es donde surge la magia. Y que yo la he experimentado. Are you ready?

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