En realidad, no sé ni qué título ponerle a este post. Feliz 2017.

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Ahora que estamos a mitad de mes y con media caja de polvorones aún presente en lo que marca la báscula, te contaré algo: lo que me gusta de vivir en Inglaterra y a la vez me disgusta es cómo tienen organizadas estos gringos las Navidades: por una parte, a mí la Navidad aquí se me queda corta porque de golpe y porrazo estos terminan las fiestas el 31 de diciembre y se queda una con las ganas de Cabalgata y Roscón; sin embargo, por otra parte me gusta el hecho de que todo el mundo se vuelva a poner en movimiento el día 2 de enero, quiero decir, empezar los propósitos de año nuevo cuando este justo comienza es más lógico que empezarlo todo el 8 o 9 de enero que va uno ya casi a mitad de mes y eso no es motivación ninguna, vamos, al menos para mí que me gusta empezar las cosas importantes cuando se debe: por el principio. Y además, cumpliendo yo años el 31 de diciembre, razón de más para haberme auto adoctrinado a ser una adicta a los nuevos y mejores comienzos y posteriores fracasos esperados. Tales como dietas y compañías varias.

Puedo decir que el año 2016 no es que me haya disgustado, tampoco es que haya hecho grandes cosas pero sí es verdad que en Enero me propuse que a final de año quería estar un poco más cerca de mis objetivos de como estaba entonces. La verdad es que lo conseguí aunque a veces tienda a olvidar y pasar por alto todos mis éxitos.

Lo mismo me pasó cuando me mudé hace ya un año y tres meses a este país. Los comienzos son difíciles para todo el mundo y más para los que emigramos con nuestros títulos y experiencia bajo el brazo y lo único que nos espera al llegar a donde sea es fregar platos o hacer camas y limpiar en mi caso. Mi propósito a corto plazo era salir de mi zona de confort, que a la vista está que lo conseguí intentando sobrevivir en un país y ciudad extraños donde el día a día era arriesgar o nada. Mi propósito a un año vista era cambiar de empresa y si podía, de trabajo. Al principio rehuyes el cambio por el miedo a irte a un sitio nuevo cuando ya has aprendido a controlar tus gastos, más o menos sabes lo que percibes cada mes o porque ya el trabajo lo haces automático y ni te pesa a veces, y eso le da cierto tipo de estabilidad a tu caos migratorio.

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Falkner Square, Liverpool.

Cambié de empresa y al mes y medio de cambiar de empresa, cambié de trabajo justo el día que cumplía un año de emigrante. Pasé de limpiar y cambiar sábanas de hotel y en definitiva, de ser invisible, a servir mesas en un reconocido restaurante y a poder relacionarme constantemente con los clientes en persona y por teléfono, paso que es necesario -y que aterra bastante- cuando quieres de verdad mejorar un idioma. Tampoco es que por teléfono se expliquen todos muy bien y que mi capacidad de captación del mensaje sea del 100% pero le echo bastante cara al asunto.

El caso es que después de todo este rollo que te acabo de contar resumiendo mi año y pico de emigrante, me veo en la obligación/necesidad de ponerme manos a la obra con algo que yo sienta realmente mío y que me permita vivir la vida que quiero realmente vivir. Por eso, recién cumplidos los 27 hace menos de tres semanas, me doy cuenta de que el hecho de estar jugando a tener mi segunda época de joven y adulta principiante, saltando de un trabajo a otro con el propósito de tener experiencia en muchas cosas distintas y que seguro me servirán en el futuro – como lo bien que me queda la cama recién hecha o lo rápido que pongo la funda del edredón- debe tener su fecha de caducidad.

He decidido que 2017 sea el año en el que cambie mi vida, pero necesito tu ayuda. Sí, la tuya. Quiero que seas partícipe de esas ideas que me rondan la cabeza y que nadie cree que puedan llegar a desarrollarse. De hecho, quiero que seas partícipe de cómo voy a desarrollarlas ante tus escépticos ojos.

Acercarse a los 30 -aunque me queden aún tres años- no es ninguna tontería y tengo el extraño propósito de vivir la vida que quiero cuando de verdad los alcance. Una que es así de rara.

No voy a explayarme mucho en los objetivos que quiero cumplir -y que por cierto, voy a escribir en estas útiles plantillas para planificarlo todo- porque tampoco quiero aburrirte. Lo que sí quiero decirte es que si estás leyendo esto, es porque de alguna manera tienes interés en lo que tengo que decir; quizá eres un amigo o amiga que me aprecia; quizá estás aquí por casualidad o simplemente no tenías nada mejor que hacer en Facebook y le diste al link.
Sea como fuere, quiero que a partir de ahora me apoyes en este 2017. ¿En qué? te preguntarás. Pues no sé a ciencia cierta qué saldrá de todo esto. No sé a dónde voy pero tengo claro que es por aquí.

Gracias por tu tiempo y por darme tu apoyo. Porque sé que lo harás.

Ángela.

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Trinity College, Dublín.

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EL CAMBIO ESTÁ EN TI

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Cada Enero veo en vuestros muros de Facebook eso de “a ver si este año va todo mejor” “espero que este sea mi año” etc. ¿Perdona?¿Cómo que “a ver si” y “espero”? Este va a ser tu año si TÚ quieres que lo sea.
 
Nos pasamos la vida esperando nuestra oportunidad, esperando ese día en el que recibamos lo que merecemos, ese día en el que de verdad reconozcan lo que hacemos, esperando que un día nos den nuestro sitio porque oye, ya me toca, ¿no? Ya vale de que a los demás les pasen cosas buenas y a mí no, ya vale de que a este lo contraten porque es fulano, porque ha tenido más oportunidades y recursos que yo, ay que ver pobrecito/a de mí que no tengo recursos, etc.
 
Recursos no tienen en Somalia, tú lo que tienes son unos huevos mu gordos que no te dejan levantarte del sofá. (Con perdón)
 
Anoche precisamente le decía algo parecido a una chica (no lo de los huevos gordos, sino la esencia del discurso) que estaba un poco harta de su situación actual y que necesitaba un cambio.Si quieres cambiar, lo vas a conseguir, por supuesto, porque ya TÚ estás más cerca del cambio que quien ni siquiera se plantea cambiar. Por eso, primero tienes que empezar por ti. TÚ eres la única responsable de tu cambio, si quieres distintos resultados, cambia el plan. Pero lo tienes que hacer TÚ.
 
Te digo a ti que estás leyendo esto, que si quieres empezar cosas nuevas, tienes que tener la predisposición de ir a por ellas. Nadie te va a dar nada si tú no vas a buscarlo, no puedes quedarte parado a que te reconozcan, a que te llegue la oportunidad porque crees que es lo que mereces, porque te has sacado nosecuántos títulos y nadie los valora. Porque yo también los tengo y llevan en un cajón muchísimo tiempo.
 
Por favor, ¿quieres de una vez plantear que ahora que no tienes NADA es cuando puedes optar a TODO?
 
.-¿Por qué te empecinas en seguir una ruta que a lo mejor ni siquiera te gusta?
.-“Es que es lo que he estudiado”
.-VALE. Y QUÉ. ¿Es que tienes que dedicarte a lo que has estudiado porque sí?
.-“Es que me gusta”
.-Muy bien, ¿pero te apasiona?¿Piensas que podrías estar toda tu vida dedicándote a ello y levantándote por las mañanas para hacer eso?¿O simplemente te estás conformando?
 
¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que quieres?¿Cuáles son tus prioridades?¿Estás cerca de conseguir eso que deseas o estás haciendo algo para estarlo?
 
Ya sé que conocerse a uno mismo cuesta trabajo e incluso da pereza, porque nadie quiere pararse a dedicarse un tiempo. Nos han enseñado a producir, producir y producir sin preguntarnos siquiera si nos gusta lo que estamos produciendo.
Conocerse duele pero es maravilloso. Y te lo digo porque lo hago constantemente. ¿Sabes lo que es descubrirse a uno mismo, saber qué quieres y por qué quieres pelear? La satisfacción de poder contestar a esa maldita pregunta de “¿sabes lo que quieres?” es brutal, en serio.
 
No te va a ser fácil.
 
Te animo a que te pares, te dediques un tiempo y dejes de hacer cosas que realmente no te llevan a ningún sitio, y menos te acercan a tu felicidad. Pregúntate. Ten paciencia y sobre todo, si descubres lo que realmente quieres, lucha

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¿Y si me caigo? .-¿Y si vuelas?

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Muy lejos de que mi escritura goce de la carga metafórica y siempre soberbia de un escritor de los de verdad, me limitaré a contaros -sin alarde alguno de parafernalia sintáctica y gramatical- lo que he aprendido desde hace unos meses hasta hoy.

Una de mis mejores amigas solía decirme que yo siempre ponía la tirita antes de que saliese la herida. Y tenía razón aunque nunca se lo reconocí.

Ya fuese miedo, reparo, incertidumbre o cualquier otra cosa, mis actos siempre han sido producto de una exhaustiva reflexión y balanza de pros y contras. No quiero decir que el ser reflexivo sea malo, al contrario, sólo que simplemente a veces no arriesgamos por temor a fallar. Sinceramente, siempre me ha gustado y me gusta hacer las cosas bien hechas, y si van a salir mal, mejor no hacerlas. Este es, a mi parecer, uno de los errores de los que más he aprendido, me explico:

En el fondo soy (cada vez menos, creo) una cobarde, lo reconozco, y prefiero saltar sabiendo que hay un abismo cubierto de algodones para sostenerme y no tener que zurcir descosidos a posteriori. Mentira. Esto, sinceramente, es un engaño tremendo. El miedo ese que nos entra de que no nos vayan a salir bien las cosas nos priva de experiencias maravillosas. Quizá no estoy en la misma situación que tú pero sí te puedo hablar de lo que pasa cuando saltas: te sube la adrenalina, te lanzas, desciendes empicado, abres el paracaídas, planeas y ahora prepárate para disfrutar del viaje.

Puede sonar a tópico que la vida es una inagotable fuente de oportunidades para saltar al vacío, ¿pero qué sería de nuestra vida si no corremos el riesgo de vivirla?

El gran salto de mi vida fue salir de España con una maleta y un billete de ida, ya lo sabéis. Yo soñaba con tener esa experiencia de vivir en el extranjero: ver, conocer y nutrirme de lo que el mundo tenía que ofrecerme en el momento en el que decidí salir de mi zona de confort y perseguir aquello que deseaba. Fue simplemente brutal. En estos meses en los que mi vida ha dado un giro de 180º he aprendido a pensar menos y hacer más, que salga bien o mal es lo de menos, pero hacer, arriesgar, probar y equivocarme. Si aprendes, ganas. Si fallas, aprendes. O sea, que ganas.

Decía el Papa Francisco en su última visita a Cuba que un joven que no es capaz de soñar está encerrado y clausurado en sí mismo. Ábrete a soñar, busca horizontes y cuenta tus mayores sueños, habla de las cosas grandes que deseas porque “cuanto mayor es la capacidad de soñar y la vida te deja a mitad de camino, más camino has recorrido” (Papa Francisco)

No puedo más que deciros que fuera de la zona de confort es donde surge la magia. Y que yo la he experimentado. Are you ready?

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